El Grupo Plaza y Costera Metropolitana tienen el manejo exclusivo del servicio desde hace años. Entre las dos acumulan más de 1.200 denuncias por infracciones en la Justicia de Faltas y 546 multas. Pero las empresas siguen violando las normativas vigentes en seguridad vial. Pasajeros indignados.
La relación es inversamente proporcional: a medida que se consolida el monopolio del servicio de transporte que une La Plata con Buenos Aires, decae cada vez más el servicio que prestan las dos empresas que lo tienen a su cargo.
El Grupo Plaza y Costera Metropolitana son las dos firmas encargadas de llevar diariamente a miles de platenses que trabajan en la ciudad de Buenos Aires y a una cantidad similar de porteños que a diario vienen a cumplir tareas a la capital provincial. A ellos hay que sumarles los visitantes ocasionales, lo que eleva considerablemente la cifra de usuarios. En ese contexto, es imposible imaginar que el negocio no sea redituable; sin embargo, la lógica de estas firmas parece ser exprimirlo al máximo, y para ello se baja la calidad del servicio.
Lógicamente, para lograr este objetivo cuentan con la “protección” de cierto sector del poder político que de manera inexplicable impide que nuevas empresas entren al negocio para fomentar la competencia, lo que redundaría en una mejora del servicio.
Los testimonios acerca de las dificultades para poder volver a La Plata abundan. “A las 3 de la mañana fui para Alem y Córdoba a tomarme el Costera. Como no pasaba me fui hasta Retiro. Recién a las 8.30 pude llegar a La Plata”, contó a Hoy el joven Juan Carlos Pietravallo, que abordó un colectivo de la firma durante el último fin de semana.
Pero las quejas contra el servicio no son exclusivas de los fines de semana. Entre las dos empresas acumulan más de 1.200 denuncias en la Justicia de Faltas y Control Urbano de La Plata, según confirmaron fuentes oficiales a este medio.
Las multas y las sanciones, igualmente, no son algo que preocupe a las empresas. El Grupo Plaza, comandado por los hermanos Mario y Claudio Cirigliano, hasta hace poco demostraba a la vista de toda la ciudad su falta de apego por las normas. Estacionaba sus micros en un playón que se formaba sobre la calle 1, cuando ésta se hacía más angosta, en cercanías a la estación de trenes. A diario, los inspectores de Control Urbano multaban a los choferes porque estaba prohibido dejar los rodados allí. Sin embargo, según fuentes consultadas por este medio, “la empresa los dejaba igual, porque le salía más barato pagar la multa que llevarlos a otro lado”. Esta anómala situación se terminó hace poco tiempo. Claro está, no por la buena voluntad de la empresa. El Municipio consiguió una grúa para trasladar a los micros y allí el perjuicio para la empresa se hizo más importante, por lo que abandonó esta práctica.
Según las estadísticas de la secretaría de Justicia de Faltas y Control Urbano de la Municipalidad de La Plata, sobre las 547 sentencias que las dos empresas tienen, hay impagas 55. Está claro que para el Grupo Plaza y para Costera Metropolitana violar las normas es más redituable que cumplirlas.
Con ese panorama, los usuarios están resignados. Saben que ir a Buenos Aires o a La Plata en determinado horario es sinónimo de “aguantar” parado todo el trayecto. Otra postal: la cola para tomarse un micro de regreso a La Plata era por demás extensa. Sin embargo, la gente se resistía a ir parada y seguía esperando la llegada de un nuevo micro. “Esta es la última unidad que sale. El que quiera ir que se apure”, gritó el chofer. Sin dudar, la gente comenzó a agolparse y terminó cediendo. Los pasajeros no tuvieron más remedio que viajar incómodos y apretados.
Recientemente, la Provincia reglamentó una ley para convocar a empresas que quieran brindar servicios de transporte diferencial entre La Plata y varios distritos del Conurbano bonaerense que no tienen conexión directa con la capital provincial. Cualquier firma interesada que se atenga a lo normado por la dirección de Transporte de la Provincia puede acercar su proyecto. Por el contrario, las reglas para unir La Plata y la ciudad de Buenos Aires son completamente distintas. Las autoridades competentes cuidan celosamente que el Grupo Plaza y Costera Metropolitana sigan siendo las únicas empresas que brinden este servicio. Lo hacen cada vez con menor calidad y menor responsabilidad. Por ello los pasajeros se están haciendo escuchar, y crearon distintos blogs y espacios de Facebook, donde vuelcan toda su indignación y muestran fotos de las irregularidades que cometen las empresas.
Por ejemplo, se quejan de que, desde el lunes 29 de marzo, la empresa Costera Metropolitana, ramal Centenario, reemplazó todas las unidades de media distancia por nuevos micros que estaban destinados a recorridos urbanos; es decir, cuentan con menor cantidad de asientos, sin apoyacabezas, y no poseen ni siquiera cinturón de seguridad. Los ejemplos se multiplican en la web, en la búsqueda de que las autoridades intervengan y hagan cumplir la normativa vigente.
Crecimiento de la mano del poder
Los Cirigliano se han caracterizado durante las últimas dos décadas por su facilidad para relacionarse con el poder. Según un informe del diputado de la Coalición Cívica Sebastián Cinquerrui, el grupo, “a comienzos de los años ‘90, sólo poseía dos líneas de colectivos urbanas, las líneas 61 y la 62”. Sin embargo, a partir de allí comenzó a crecer “considerablemente”, lo que le permitió diversificar sus intereses y expandirse. Así llegó a tener acciones en varias áreas: transportes (Grupo Plaza), concesiones públicas (TBA, Trenes de Buenos Aires), seguros (Lua La Porteña), construcción de material ferroviario (Emfersa), construcción de carrocerías de buses (Tatsa), incluso incursiona participando en concesiones públicas en el exterior (Opportrans, Metro de Río de Janeiro), según señala el puntilloso informe del legislador.
Sin embargo, el acompañamiento del poder no finalizó con la década menemista. Los Cirigliano se las ingeniaron lo suficientemente bien para que la era K también los cobijara. Sólo durante abril el Grupo Plaza (incluye transporte urbano de pasajeros, de media y larga distancia, entre otros) recibió casi 30 millones de pesos en subsidios.
Lógicamente, el apoyo económico del gobierno de turno tuvo su precio. Actualmente, Claudio Cirigliano está procesado por ser uno de los empresarios que pagó viajes en avión al polémico ex secretario de Transporte de la Nación, Ricardo Jaime. |