Así definió un diputado al ex secretario de Transporte. Una causa por enriquecimiento ilícito le impide salir del país. La Justicia acaba de descubrir que su esposa compró una lujosa propiedad en Brasil. Currículum de un hombre ostentoso que creció bajo el ala de Néstor Kirchner.
Polémico, duro y por sobre todas las cosas ostentoso, Ricardo Jaime fue lo más parecido a los ‘90 que haya pasado por la administración K. Y así terminó: renunció luego de la catástrofe electoral de junio último, y es objeto de una investigación judicial por la que le han prohibido salir del país.
“No es un caso aislado, sino el que más grafica la matriz de enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial”, dijo a Hoy el diputado de la Coalición Cívica bonaerense Sebastián Cinquerrui, y agregó: “Le gusta mostrar el éxito de sus negocios y es el que menos se ha cuidado”.
El Karateca, como le dicen por su condición de cinturón negro en esa disciplina oriental, supo estar muy lejos de todo lo que tuviera que ver con la modestia y la humildad. Es más, durante su largo período al frente de la secretaría de Transporte firmó los papeles con una costosa Mont Blanc, más propia de un ejecutivo que de un funcionario del Estado.
Elegante
Propenso a los gimnasios y gran cultor de la estética, el menos decoroso de los pingüinos acompaña sus gustos refinados con un elegante vestir: atuendo rigurosamente negro, que corta con cadenitas y anillos de oro.
Su crecimiento patrimonial ha despertado suspicacias y -tal como ocurrió con los sobreseídos Néstor y Cristina- se lo investiga por la presunta comisión del delito de enriquecimiento ilícito.
Es, precisamente, en esa causa en la que el juez federal Norberto Oyarbide y el fiscal Carlos Rívolo acaban de dar con un documento que acredita la compra de una elegante residencia en la ciudad brasileña de Florianópolis. La propiedad está a nombre de su esposa, Silvia Elena Reyss, y fue adquirida en 1.623.428,28 pesos (o 419.102,39 dólares).
La prueba fue descubierta en los allanamientos que se realizaron la semana pasada en Córdoba, donde -según se indicó- investigaron dos propiedades en un country de Mendiolaza y el spa que explota su familia en esa misma localidad. Ni éstas ni la casa de San Isidro, que también fue allanada, figuran a nombre del ex funcionario, es por eso que las pesquisas se extendieron hacia sus familiares directos.
La Justicia también investigó el departamento que Jaime alquila en Capital Federal, y en el que dicen haber encontrado 50 mil pesos, 40 mil dólares y 10 mil euros. Según los medios porteños, “más del doble de lo que declaró como patrimonio” cuando dejó su despacho. El magistrado sospecha que podría ser el feliz propietario de varios bienes no declarados. Entre ellos, un avión de 4 millones de dólares, cuatro inmuebles en Santa Cruz y hasta un yate.
Hasta aquí lo nuevo. Pero en el currículum de Jaime aparecen ciertos antecedentes que bien vale la pena repasar. Desandemos, pues, el camino: unos meses antes de su renuncia había sido denunciado por el fiscal nacional de investigaciones Manuel Garrido, que lo acusó de haber recibido “dádivas” de las empresas a las que debía controlar. Lo que supuestamente hicieron él y los suyos fue realizar vuelos que jamás pagaron. Durante los años de gestión -llegó con Néstor y partió con Cristina- fue uno de los funcionarios más poderosos del Gobierno y el que acumuló unas treinta denuncias en su contra.
Su primer gran escándalo estalló en el verano de 2005, cuando se supo que Southern Winds -compañía que era subsidiada por el Estado- llevó dos valijas con drogas a España. Jaime era el hombre de los subsidios, y entre micros, trenes y otras yerbas, repartía unos 2 mil millones de pesos al año.
De Córdoba
El ingeniero agrimensor Ricardo Raúl Jaime nació hace 55 años en Córdoba, donde trabajó como empleado en la dirección general de Catastro. El advenimiento de la democracia lo encontró en la localidad santacruceña de Caleta Olivia, donde dio sus primeros pasos por la arena política antes de ser cobijado bajo el manto protector de los Kirchner.
En 1987 asumió como concejal y dos años más tarde se convirtió en uno de los referentes de Néstor, quien -desde la intendencia de Río Gallegos- alimentaba sus sueños de gobernador.
Néstor se quedó con el PJ, alcanzó su objetivo y recompensó a Jaime con el cargo de ministro secretario de la Gobernación, en 1991. Pero su gran protagonismo no llegaría hasta la segunda gobernación kirchnerista, cuando presidió el Consejo Provincial de Educación. En 1999 volvió a Córdoba para trabajar junto al gobernador José Manuel De la Sota y ahí estuvo hasta mayo de 2003, cuando recaló en el Gobierno nacional.
Para el diputado Cinquerrui, Jaime es “una persona sin miramientos que ha despreciado cualquier apego a las normas”, nada menos que “el funcionario de Kirchner con mayor estética menemista”. Su destino, entiende, es el traje a rayas.
Un hombre de pocas palabras
Hombre adusto y de pocas palabras, Ricardo Jaime cobró notoriedad pública a fuerza de los escándalos en los que se vio directamente involucrado. Se le atribuye la alianza entre la estatal Líneas Aéreas Federales (Lafsa) -que nunca tuvo aviones y generó pérdidas por 40 millones de dólares- y Southern Winds, la compañía de las narcovalijas (ver nota principal).
También se lo acusa de haber tenido un trato preferencial hacia Claudio Cirigliano, dueño de la empresa de colectivos Plaza y de Trenes de Buenos Aires, concesionaria de las líneas Mitre y Sarmiento.
Jaime fue el hombre de confianza de Néstor Kirchner. El que le manejó la que muchos dan como la caja más redituable. Se movía por la Rosada como pez en el agua, y dicen que pensar que nadie advirtió sus presuntas maniobras sería subestimar la inteligencia de quien llegó a presidente con el 22,24% de los votos.
Pese a las sospechas de corrupción que lo tenían literalmente rodeado, Jaime no se amedrentó. Siguió fiel a su calzado refinado y hasta insinuó que cada año se iba empobreciendo más, al punto que se fue del Gobierno con un patrimonio -declarado- de apenas cien mil pesos. |